sábado 30 de agosto de 2008

Encontrados la plástica y el sonido
Carlos Antonio Otero, ESCENARIO
Publicado en EL VOCERO (Pág. 58) jueves 28 de agosto de 2008

Un arte más visceral y menos complaciente, no definiciones, es lo que
hace falta según el connotado músico y artista Francis Schwartz, quien
en sus años de juventud no vaciló al proponer provocativas obras
“poliartísticas” que estimularan los sentidos de los espectadores.
En boca de Schwartz, para el arte no deben existir
miedos y sus hacedores tienen que asumir riesgos,
independientemente de las tradiciones artísticas.
¨Utilicen los elementos que necesiten, si es sonido
bien, si es pintura bien, si es tocineta en una plancha
caliente bien, sin miedo, tomando riesgos porque hace
falta ese tipo de arte¨, recomendó a los artistas y músicos,
durante su breve participación en la conferencia ¨Buscando
una definición para el arte sonoro en Puerto Rico¨,
en la reciente edición de la primera Feria de Arte Sonoro
(FAS) celebrada en la Isla.
Con esas palabras el músico cerró la conferencia
en la cual participaron la investigadora cultural y
moderadora Lisa Ladner, y como panelistas la académica
Marimar Benítez, directora de la Escuela de Artes
Plásticas, y los artistas sonoros Andrés Lugo y Francisco
Javier Torres.
Schwartz destacó que más allá de las etiquetas
o definiciones, lo importante es hacer un arte que logre
una respuesta y narró la experiencia con la obra multimedios
que desarrolló junto a unos amigos hace 40
años y el impacto que tuvo.
La obra se presentó en 1968 en el Ateneo Puertorriqueño
junto a Rafael Aponte Ledée, con quien
fundó el primer grupo fluxus en la Isla, y le acompañaron
Carmen Biascochea y María Esther Robles.
“Escogimos un lugar realmente de mucho prestigio
que tenía un significado muy grande en la cultura
puertorriqueña, en la historia de Puerto Rico, pero
un lugar que tenía una reputación de respaldar el arte
conservador y me acuerdo que en ese concierto tuvimos
casa llena, y la fila llegó hasta el Teatro Tapia y
tuvimos que cerrar las puertas”, señala Schwartz, y
explica que la obra tenía sonido, proyección de diapositivas,
olores, quema de carne y cabello, danza y
narración con sonidos electroacústicos.
La pieza, con ocho minutos y medio de duración,
provocó un escándalo porque los espectadores comenzaron
a afectarse por el humo, los olores y el calor, y
no pudieron salir del salón ya que las puertas estaban
cerradas con cadenas. “(Habían) personas muy distinguidas
con la mente y el cuello encorbatados y no
pudieron salir… Hubo una protesta muy firme. Me
acuerdo que vino a verme al finalizar, la intelectual
Nilita Vientós Gastón, y me dijo ´Schwartz, no tienes
derecho a hacer eso´.”
Cuenta que “la idea era recrear un ambiente
de lo que era una cámara de gas, (saber) qué es
lo que pasaba en ese lugar”. Por eso la pieza se
llama Auschwitz que fue un campo de concentración
Nazi en Polonia.
La pieza, descrita por él como una obra de arte,
“tuvo impacto; utilizamos los elementos necesarios.
Yo no puedo definir si es una obra de arte sonoro o si
usando olores soy un chef o si soy coreógrafo utilizando
baile, pero es una obra multimedios, poliartística,
que llega y eso es lo que quiero decirles a ustedes”.
Para Ladner, la importancia de una definición
del arte sonoro surge para que las personas puedan
entenderlo como una manifestación del arte y no
meros sonidos. Además, dijo que el gobierno y las instituciones
no respaldan proyectos de arte sonoro, según
las experiencias de varios artistas, porque lo desconocen
como expresión artística. “Si no se puede explicar
eso, no se abren las puertas para buscar apoyo”.
Benítez, por su parte, destacó que “el arte sonoro
no está bien definido en ningún lado porque es multidisciplinario,
es un género híbrido y si solamente lo defines
en términos del sonido ya te sales de las artes plásticas
y te vas al mundo de la música”.
“Todas las cosas de las definiciones a mí me
están un poco incómodas porque un poco es preguntarse
cuántos ángeles caben en la cabeza de un
alfiler. Yo pienso que el énfasis debe ser en calidad
y no que si es un género híbrido. (Lo importante)
es cuando tu ves la pieza, la escuchas y realmente
te impacta”, opinó.
Benítez, especialista en historia del arte, insistió
en la calidad de las obras llamadas sonoras y añadió
que esto tiene que ver con lo que pretende crear
el artista y lo que finalmente logra. Mencionó que
“dentro de toda la cosa experimental que a mí me
molesta” es que el trabajo resulte inconsecuente. Citó
el caso de las instalaciones que están de moda en el
mundo del arte y dijo que “alguien viene y tira tres
bolsas de basura en un espacio y entonces eso es una
instalación y nadie le dice —al artista—que es una
cosa inconsecuente”.
“Yo creo que eso fue un problema bien serio del
arte del siglo 20 de que todo vale. Existen criterios de
calidad y el que no quiere aceptar eso está castrándose”,
sentenció.
El artista Wilfredo Chea dijo tomar con cuidado
la referencia de Benítez hacia la calidad de la obra
sonora y se preguntó: “¿Quién dice que una cosa tiene
una calidad o no tiene una calidad?” Comentó que
eso depende de la propuesta y lo que busca el artista.
A esto Benítez contestó que “no podemos renunciar
a hacer juicios valorativos. El problema es cómo
los artistas que se dedican a hacer arte sonoro en el
país hagan cosas que valgan la pena”.
El artista y panelista Francisco Javier Torres definió
el arte sonoro como “un campo paralelo a la música
que tiene que ver con la organización de sonidos;
no necesariamente tiene que ver con la creación de
sonidos”, mientras Chea lo ve como “la parte únicamente
del sonido -en una obra-”.
Sobre si se pueden integrar las piezas de arte
sonoro a las artes plásticas, Benítez reiteró que “eso
está en mano de los artistas, no de las instituciones”.