lunes 8 de septiembre de 2008

¿Llegarán los nuevos vientos al MAC?

Ya es un hecho la renuncia de María Emilia Somoza a la cabeza del Museo de Arte Contemporáneo (MAC), tal y como lo adelantara el Box Score y como reseñara el Vocero la semana pasada.

Las instituciones cumplen unos ciclos como parte de su proceso ordinario de desarrollo y todo tiene su fin. En un principio se trata de gestas titánicas para levantar de la nada una entidad con propósitos generalmente nobles. Y entonces somos muchos los que ponemos nuestras esperanzas y confianza en que esas organizaciones funcionen y rindan un servicio social, en este caso a las artes.

En el camino pueden y pasan mil cosas, aciertos y desaciertos. Logros, frustraciones.

Pero de todo se aprende, esa es la bondad de la historia si es que la sabemos aprovechar.

Hay que reconocer, en el caso de Somoza, sus esfuerzos, sus gestiones y el logro de crear el MAC junto a otras personas comprometidas. No obstante, la continuidad nunca ha sido buena en ningún aspecto, sobre todo en una institución que se supone reconozca y promueva el cambio en la escena plástica.

Como País sufrimos de ese mal del continuismo. Siempre son los mismos los que están al frente de todo y luego queremos que la Isla avance. ¿Pero hacia dónde? Las ideas recicladas, las costumbres repetidas, los mismos complejos. LOS BURÓCRATAS.

Con frecuencia he visitado el MAC, y en más de una ocasión supe esperar hasta una hora por eventos anuciados a los cuales no respondían sólo un par de personas. Y lo digo literalmente porque una vez había una conferencia y el público presente eran una estudiante de arte de la UPR y yo. Estas cosas ya van dando avisos de que algo está mal, de que hace falta un cambio, de que hay que buscar nuevas formas de hacer las cosas.

De seguro que este proceso de ¨crisis¨ en el MAC ha sido doloroso en más de una dirección. Para Somoza, para sus empleados, para sus amigos. También para los artistas que han tocado la puerta para buscar un espacio de expresión de lo que se esperaba era el lugar disponible para ello, y no fue así.

Tal vez el techo de cristal del MAC ha reducido las corrientes de aire por el edificio ¨aladrillado¨, pero sólo basta un hueco para que entre aunque sea un hilo de aire.

Es el momento para un reclamo serio y sobrio por parte de todos para que haya un proceso renovador y justo, pero un verdadero cambio. Y todos tenemos derecho a eso porque La Labra es de todos, y el MAC con sus fondos públicos también es de todos.

De lo contrario, -y si no pasa nada- continuará el esfuerzo mano a mano de artistas para echar hacia adelante sus nuevas ideas desde el lugar que sea, bajo techo, bajo el sol, en la acera, bajo un árbol o una carpa.

Que no se repita nuestra historia colonial de reconquistas. Que no vengan los otros y las otras, que venga gente nueva de verdad. Es hora de un pie al frente.


1 comentarios:

DondeVeoArte dijo...

Muy buen escrito. Definitivamente los artistas tenemos que ser mas proactivos.

Carmen Olmo Terrasa