jueves 30 de octubre de 2008

El complejo sabor de lo prohibido
Los silencios valen más que cualquier comentario cuando te enfrentas a la propuesta de la artista Carmen Olmo Terrasa en la exposición La Capilla, que se presenta en la Galería Guatibiri en Río Piedras.
De entrada es como un asalto a mano armada. Te estruja en la cara un lenguaje fuerte-sin contemplación-, y de inmediato te encuentras con imágenes que retan el entendimiento ordinario y corrompen la inocencia. Pero no se trata de la inocencia infantil, sino la adulta, esa cargada de prejuicios y negaciones formada al amparo del orden establecido, de la religión, de los valores, de la ¨decencia¨.
Alcanza su punto más punzante cuando una mano con guantes de latex barajea ¨el cuerpo de cristo¨ y luego una boca masculina lo saborea con todo el sabor de la carne.
Por otro lado, la abuelita o la madre añeja, se deleita con una paleta. En otra instancia el mismo personaje te mira desconcertado. En unos cojines salpicados de púas metálicas aparece otra vez el rostro de la abuelita-madre-señora-anciana como buscando o tratando de decir algo sin palabras. Es el ocaso con cara de adiós.
En el interior de unas máscaras de gas que también son cabezas encuentras imágenes de vídeo con una niña que se molesta al ver cómo invadimos su espacio mientras se introduce los dedos en la nariz para retirar lo que le estorba. De otro parte, una boca femenina -bien roja- hace malabares con un cigarrillo una y otra vez. Y para redondear, un rodillo ¨terapéutico¨ con puas (es negro y con letras rojas), te sugiere más de una idea.
Todas las piezas contienen imágenes de vídeo en movimiento enmarcadas con variados soportes como cojines, fotografías de gran formato sobre vinil, y las máscaras de gas. Siempre, todos estos soportes -menos las máscaras- repletos de las púas metálicas. Prevalece el color negro.
La artista con su propuesta nos adentra de entrada en la reflexión del tema que la ocupa, el Tabú, lo prohibido. Pero no nos presenta una idea digerida, al contrario, nos lanza elementos provocadores que nos hacen abrir las pesadas puertas de ¨La Capilla¨ que es nuestro fuero interno. Justo ahí, en ese lugar sagrado en el cual sólo nosotros sabemos lo que se guarda.
Carmen deconstruye preceptos al recontextualizar imágenes y nos mueve a deconstruir o reforzar ideas (dependiendo de nuestra mente).
Se trata de un diálogo complejo y sicológico con el espectador que no siempre deja espacio para la sonrisa ingenua. Enhorabuena Carmen.

Nota: Una felicitación a Rubén, director de Guatibiri, por la convergencia de talentos que promueve en ese espacio reducido de grandes ideas, si miramientos más allá de su afán por estimular nuestra actividad plástica y creadora. Eso es hacer patria.