sábado 22 de noviembre de 2008


La contundencia de lo mínimo y el relato de los vacíos
Hay un vacío que inquieta, que te dice que justo allí hubo algo o alguien que ahora mora en otros lugares, espacios o dimensiones. Es la historia de lo que no está o de los que no están.
Al final queda la huella, un rastro, una imagen a manera de exhibit.
Eso fue lo que percibí tras un recorrido repetido por la exposición ¨La muerte de la memoria y el olvido¨, del artista Christopher Rivera, en la Galería 356 en Hato Rey.
Al principio te reciben varias piezas emarcadas en pequeño formato (dibujos, collage, grabados), colocadas sobre dibujos silueteados en las paredes blancas. Son siluetas de cuerpos caídos ocupados por cuadros tarjetas cual ficha técnica que narran la otra historia. Se trata de acercamientos a la muerte a través de la memoria o viceversa. A veces parece que el cuadro -con motivo religioso, con calavera, con figura humana, etc.- nos remite al momento último del personaje de la silueta, o tal vez a sus aspiraciones.
Marcos blancos, maderas y telas crudas, tinta y carbón a lo largo de la muestra. El color lo ponen pequeños listones de papel con diversos diseños, y los pedazos de telas impresas y cocidas a modo de mosaicos. Es como si el color relatara ese otro momento en que estuvo la vida que dio paso al recuerdo.
Las manos de Rivera producen un trazo limpio y detallado que pronto capturan la atención, luego la mente del espectador máquina sobre los vacíos y sus relatos.
En ¨Oda a la memoria artificial¨, una serie de pequeños cuadrados de madera natural sirven de soporte para dibujos de artefactos -incluso un cerebro- que operan como memoria extendida. Entre otros, incluyen una grabadora, una cámara de vídeo, un libro, un lápiz.
La serie ¨If love could save us¨ I, II y III muestra tres parejas (en gran formato), cada una abrazadas o tomadas de la mano. Están realizadas las obras sobre tela cruda, a lápiz, y al pie de las mismas tienen una pequeña franja del colorido mosaico de telas. Los personajes en estas piezas parecen que van a saltar al vacío. Me hicieron recordar una vieja canción de Perales que habla de un par de adolescentes que deciden lanzarse desde un puente para pasar a la eternidad juntos.
Se destaca además un mosaico enorme de pedazos de tela con distintos ¨prints¨ y a su vez con imágenes o frases sobre impresas, donde abunda la frase ¨muchas vidas¨ así como las calaveras. Rivera vuelve a presentar imágenes de calaveras, como las que utilizó en su primera exposición individual en abril de 2007 en la galería Guatibiri en Río Piedras.
También hay fotografía, vídeo (el cual no pude ver porque estaba apagado el día de mi visita) e instalación. Como no estuve la noche de la inauguración me perdí del happening.
Es esta una muestra interesante donde prevalece el talento del artista Rivera como dibujante y grabador, pero también como conceptualizador al abordar y proponer de manera creativa temas tan repetidos en el arte como la memoria y la muerte.
Nota: Me gusta felicitar a las galerías cuando nos presentan muestras como estas y cuando apoyan el talento joven. Vaya otra felicitación para Galería 356. En el programa Mercedes Trelles Hernández menciona que ¨pronto podremos redefinir las expectativas de lo que es arte joven en Puerto Rico¨, yo pienso que eso estará en constante redefinición -sobre todo en estos momentos- lo que sucede es que mucha gente sigue anclada en lo que ya fue.