martes 9 de diciembre de 2008

El arte en la depresión o la depresión en el arte
¿Dónde queda el arte en tiempos de depresión económica? La respuesta a esta interrogante la desconozco, pero supongo que si la hacemos en Puerto Rico, la contestación no debe ser menos que dolorosa.
Recientemente el gobierno nefasto de Bush aceptó finalmente que la nación estadounidense estaba en tiempos de depresión. Ya hemos leído o visto los reportajes acerca de la caída de los mercados bursátiles, de cómo se fue desinflando la burbuja de la boyante industria de los bienes raíces y los préstamos hipotecarios, la crisis petrolera, el desplome de la industria automovilística, y el obsceno costo económico, social y moral de la Guerra, entre otros.
La situación en la colonia ha resultado doblemente incómoda ya que como señala el trillado dicho ¨si en Estados Unidos tienen catarro nosotros tenemos pulmonía¨. A esto se añade el agrio aderezo de las tribus políticas que son las grandes responsables de nuestro caramelizado subdesarrollo.
Durante los últimos cinco años (número arbitrario) hemos visto el cierre de galerías y la contracción económica de las que aún siguen operando, lo cual ha tenido un efecto negativo en los artistas y la venta de sus obras, sobre todo entre los más jóvenes. Claro, la escena local nunca ha sido boyante. Sin embargo, además de la ¨crisis¨ inciden otros factores como la búsqueda por parte de nuestros pocos coleccionistas del arte presentado en ferias internacionales, el limitado trabajo de galeristas para difundir las piezas de sus representados en y más que nada, fuera de la Isla, y así se pueden sumar factores que actuan como tranquillas para lograr una dinámica favorable. Ni hablar del gobierno.
De otra parte, y aunque se muestre contradictorio, contamos con la celebración de ferias de arte que se supone estimulen la actividad plástica local, como Circa y ARWI. Con sus virtudes y defectos, resultan intentos, y los intentos siempre tienen sus méritos. Además, contamos con otros eventos como El Pulguero de los Artistas y la Feria de Arte Sonoro (que el próximo año celebrarán sus segundas ediciones), gesta de la promotora cultural Lisa Ladner, quien junto a otras personas, sin apoyos comerciales, con dinero de sus bolsillos, y con el recurso casi único de la creatividad, también abren espacios para divulgar y ofrecer el arte contemporáneo de artistas con trayectoria y emergentes.
Ahora, en tiempos de depresión económica, nos remontamos a Estados Unidos en aquellos años tras el desastre financiero de Wall Street en octubre de 1929 y recordamos las imágenes de desesperanza, de caras absortas, de largas filas de desempleados. Entonces, los artistas resultaron también entre los más impactados, toda vez que el arte como producto no es uno de primera necesidad.
Para campear el azote el gobierno estadounidense de Franklin D. Roosevelt impulsó el Federal Art Project (FAP), que estaba bajo su plan de política pública conocido como Works Progress Administration (WPA), que desarrollaba obra pública para estimular el empleo y la economía. Esto permitió el sustento de artistas como de Kooning, Baziotes, Guston, Gorky y Pollock, entre muchos, mediante el desarollo de arte público y murales. Muchos de estos artistas realizaron trabajos bajo la dirección de los muralistas Rivera, Alfaro Siqueiros y Orozco. Esta acción produjo miles de puestos de trabajo para artistas y miles de obras.
Hoy las realidades sociales y mundiales son otras. Mientras sentimos la recesión, nos enteramos de las ventas astronómicas de artistas como Hirst y de galerias participantes en las principales ferias del mundo, que celebran las ventas de sus inventarios. Igualmente, leemos que el Royal Institution of Chatered Surveyors, difunde en Londres que inversores en el Reino Unido están adquiriendo objetos antiguos y obras de arte para escapar a la crisis económica de los mercados financieros. El informe añade que multimillonarios de Rusia y Medio Oriente buscan costosos objetos que les puedan proporcionar un alto rendimiento de reventa en el futuro. Por el contrario, se indica que las obras más baratas, con precios por debajo de los $100,000 como cerámicas, relojes y mobiliario apenas encuentran compradores.
Luego de este corto recuento de incidencias retomo la pregunta inicial. ¿Dónde queda el arte en tiempos de depresión económica en Puerto Rico? La contestación me la ofrece Shakespeare:
Hamlet: ¿No ves nada ahí?
Reina: Nada de nada, y veo todo lo que hay.