jueves 25 de diciembre de 2008

COMENTARIO




La pobreza de la cultura
Luego de desempolvar el libro de Marta Traba acerca del arte moderno en Puerto Rico, han retornado a mis manos otros textos que había olvidado durante algún tiempo. Esta vez la visita es al uruguayo Mario Benedetti y su libro ¨Subdesarrollo y letras de osadía¨ (1987), una compilación de ensayos cortos, conferencias y artículos publicados entre 1963-1986.
Uno de esos ensayos me llamó la particular atención, tras leer el escrito del artista Arnaldo Román en su página Trance Líquido, donde cuestiona la publicación en un diario local de una nota superficial acerca de los diferentes eventos de arte celebrados recientemente en Miami, donde varios artistas puertorriqueños participaron y lograron buena recepción. Román plantea el despacho del evento como una mera nota social y el descarto en esa nota de la presencia boricua con sus propuestas creativas.

15 artistas boricuas participaron en los eventos Scope
Miami, Photo Miami, NADA Art Fair y Art Basel Miami
del 3 al 7 de diciembre de 2008.

Pues bien, Benedetti ha escrito en 1986 el ensayo ¨Pobreza de la cultura y cultura de la pobreza¨, un relato de cómo bajo la dictadura en Uruguay emergieron grupos de diversas expresiones artísticas sin recursos, en contra de la corriente, sólo con la bandera de la creatividad y la reafirmación de sus ideas y compromisos, gestas que identifica como parte de la ¨cultura de la pobreza¨.
Y menciona que ¨el mayor riesgo que corre siempre la cultura de la pobreza es convertirse, tarde o temprano en pobreza de la cultura¨. Entonces explica que una vez estando en Panamá sintió estupor al ver como en el área del Canal las artesanías de los indígenas se adaptaban ¨al gusto standard de los turistas y soldados norteamericanos¨, un ejemplo de pobreza de la cultura.
Dice que:¨La demanda frívola había pervertido la oferta primigenia, y el artesano, impulsado por el explicable deseo de vender más, había renunciado a su lenguaje y a sus signos propios, en beneficio de salutaciones y palabras que ni siquiera forman parte de su contexto doméstico o imaginero¨.
Y destaca que la cultura de la pobreza ¨es casi un privilegio de las sociedades desvalidas¨, mientras la pobreza de la cultura puede ocurrir en cualquier sociedad, no importa sus carencias u opulencias.
¨El subdesarrollo agobia, deteriora, extenúa, entristece, lleva hasta a cuestionar el propio esfuerzo y a dudar de sus logros reales. Lo ciertos es que hay que ser muy tozudo y muy generoso para lidiar con el subdesarrollo, para vencerlo en cada jornada, para extraer de él un fehaciente motivo de creación y de vida¨, añade Benedetti.
Puntualiza que: ¨El creador artístico, como cualquier hijo de vecino, precisa estímulo, apoyo, solidaridad, y si estuvo dos o tres años escribiendo una novela, robándole horas al descanso, a la vida familiar, al esparcimiento, lo menos que puede esperar es que esa faena tenaz no sea despachada en una breve y lapidaria reseña, un comentario que no es el resultado de un análisis igualmente tenaz y riguroso¨.
Más adelante, argumenta que: ¨En el subdesarrollo, la cultura de la pobreza suele ser dura pero no despiadada; severa, pero no inclemente. La pobreza de la cultura, en cambio, es casi siempre intolerante, superficial y segregadora. Se siente más segura de sí misma cuando detecta, o cree detectar una frustración que cuando se enfrenta a un nacimiento, al alumbramiento de una obra de arte¨.
¿La pertinencia? El libro, como mencioné al principio, se llama ¨Subdesarrollo y letras de osadía¨.
Vivimos en el subdesarrollo (bastan dos ejemplos): Puerto Rico es una Isla donde mucho más de la mitad de la población depende de la asistencia social -entiéndase Programa de Asistencia Nutricional (PAN). Y en Puerto Rico más de la mitad de la población no tiene acceso a una computadora en su hogar.



Pieza de Arnaldo Román presentada como parte de
The Storehouse Group at Scope Miami 2008
¿Letras de osadía? Arnaldo Román, quien es un artista joven, sale de frente y expresa su indignación por la falta de sensibilidad de los medios ante el esfuerzo de los artistas emergentes que, en cambio, reciben el reconocimiento de medios extranjeros. No es falta de reconocimiento por no verse en las páginas o en las imágenes de los medios, es el mal sabor del desfase de los suyos (y los suyos somos casi todos)¨.
¿La cultura de la pobreza y la pobreza de la cultura? En un contexto distinto al Uruguay de Benedetti de los 80, vivimos la primera y padecemos la segunda.
¿Entonces qué? A Román y a todos los artistas que se esfuerzan por reflejar y transformar nuestras realidades a través del arte, un espaldarazo y que no claudiquen en sus ideales y en sus propuestas, no importa que.
Por lo demás, todos sigamos haciendo el trabajo.