lunes 22 de diciembre de 2008

Uno de los críticos de arte más influyentes de Estados Unidos, Clement Greenberg (1904-1994), escribió en 1952 en Partisan Review que ¨nunca se nos recordará demasiado lo decisiva que es la honestidad en el arte¨. Y añadía entonces que aunque la honestidad no es sinónimo de garantía ¨es esencial y nunca puede separarse de los procedimientos de talento. La honestidad sin talento quizá sea una honestidad incompleta…¨
Y justo en esa parte inicial de su escrito se puede pensar tras un encuentro con Abdiel Segarra, un recién graduado en pintura de la Escuela de Artes Plásticas de Puerto Rico, quien a pesar del largo trecho que le aguarda por recorrer como artista, ya ha transitado una buena parte a sus 24 años.
Tal parece que la honestidad y el talento le han hecho merecer el respeto de la oficialidad y la extraoficialidad en el ámbito artístico local. Igual por su sentido positivo de las cosas, a pesar de las adversidades.
El encuentro con Segarra ocurrió en el pequeño estudio donde habita y trabaja en el Viejo San Juan, en el cual por espacio de casi dos horas le habló a El Naufragio de las Palabras sobre su obra, sus proyectos y sus aspiraciones.
Es este un artista dispuesto a la conversación, al que le cuesta quedarse quieto por más de cinco minutos, y quien no espera por nadie para emprender el trabajo que sea. No sólo pinta, dibuja, diseña objetos, utiliza la fotografía y realiza performance, también ha comenzado a establecer su nombre como gestor de eventos artísticos, ya sea como impulsor, curador o colaborador.
Rechaza la hipocresía de posturas éticas o morales al encarar una propuesta plástica -sea personal o de otro artista-, pero declara tener límites y dice que en el arte lo importante ¨es siempre ser fiel a mi mismo, a mis valores, no voy a hacerme de chavos a cuenta del dolor de otros¨.
De inmediato reflexiona acerca de su participación en la desaparecida galería Tag Rom en Hato Rey, donde en el 2005 desplegó dos fotografías abstractas, descritas por los espectadores como imágenes de un mantecado o un pedazo de pizza. La realidad era otra y las fotos consistían de imágenes ampliadas de las llagas de un deambulante adicto a las drogas.
Aunque comenta que para algunas personas esas fotos podrían plantear un argumento ético, se trataba de un acercamiento estético a una realidad que de otra forma resultaría desagradable, y a la cual muchas veces le volteamos la cara. (Las fotos no fueron vendidas)
Para Segarra la posibilidad de hacer arte la puede tener cualquier persona, independientemente de su formación académica, sin negar que esta provee otras herramientas y posibilidades.
¨Yo creo que cualquiera puede ser artista y cualquiera puede hacer arte. Eso lo determina el foro y el espectador. Mucho también lo decide la discusión que genere el trabajo porque invita a reflexionar porque es una pieza bella, o política, o fea¨, agrega.
Acerca del arte en la Isla menciona que estamos de tu a tu con lo que se hace a nivel internacional, pero recuerda que ¨el arte corresponde al contexto donde se realiza¨, por lo que se debe ser justo cuando se intenta juzgar o describir lo que se hace en un país y en otro.
Por eso sostiene que la literatura -sobre todo la latinoamericana- es fundamental en su trabajo y para entender los movimientos y manifestaciones en los llamados ¨países hermanos¨, de los cuales permanecemos muchas veces distanciados.
En su obra (que puede ser figurativa, o minimalista, o conceptual, u objetual), Segarra combina el dibujo con la pintura y la creación de objetos o piezas en una misma propuesta. Tal ha sido el caso de la que ha trabajado el último año, que consiste de piezas para vestir.
No son diseños de moda -aunque todo es posible-, sino camisas que visten a una y a muchas personas a la vez. Igual son camisas que te cubren a medias, imposibilitando el arropo de todas las extremidades del torso, o que apenas te dejan el rostro al descubierto.
¿Qué busca con esto? ¨Son prototipos de relaciones, son metáforas de perfiles de individuos y la idea es que la gente juegue con eso¨, explica el artista.
Entre sus ¨camisas¨ se destacan algunas con las mangas extra largas, otras con una manga ¨normal¨ y la otra tan pequeña que apenas cabría la mano de nadie. Otras camisas tienen dos mangas pero hueco de cuello para cinco cabezas.
¨Muchas veces parto de cómo me relaciono con la gente, con una pareja, un familiar y reflexiono de cómo es cada relación, de las circunstancias¨, añade, y explica que por eso hace camisas donde caben muchas personas que deben moverse juntas y depender del otro.
Al mostrar algunas de estas coloridas piezas sostiene que ¨el arte sí es una herramienta de reflexión y por eso creo estos objetos¨.
Con este mismo tema, hace pequeños dibujos y pinturas donde sólo resalta la silueta de la pieza sin ningún ornamento ni artificio. Son superficies planas y frias donde prevalece el objeto-ropa flotando a la espera de otro comentario.
Recientemente participó de un colectivo de performance, del grupo =DESTO, en el Parque Luis Muñoz Rivera en Puerta de Tierra, y creó una camisa para vestir un banco de cemento donde las personas podían sentarse.
Por otro lado, Segarra se ha mantenido al frente de varios proyectos relevantes como gestor cultural. Con su propuesta Art tracking en el espacio Candela en el Viejo San Juan, realizó con otras personas una serie de exposiciones con artistas emergentes hace un par de años. También ha colaborado en Area lugar de proyectos en Caguas; curó hace unos meses un proyecto de arte público en Cataño, y así ha participado en otros eventos en Puerto Rico, Estados Unidos y Latinoamerica, y tiene en mente muchas ideas, que espera pronto comiencen a concretarse.
Algunas de esas ideas son de base comunitaria, con lo cual ya ha trabajado este artista, quien se ha desempeñado como educador de arte para niños y en 2009 hará lo propio con personas de la tercera edad en residenciales públicos.
En 2006 creo junto a otros colaboradores la página en la Internet, Conboca, donde se anuncian exposiciones y eventos de arte, se hacen reseñas, se documentan actividades y se proponen proyectos.
¨A mi me interezaba abrir espacios de diálogo y discusión, y creo que de una manera esto también es arte¨, opina Segarra, quien dice su trabajo plástico y como gestor está influenciado por todos sus amigos artistas, profesores y profesionales de otros campos con los cuales interactua. En los muros blancos de su aposento está el reconocimiento a sus amigos con telas pintadas por algunos de ellos, donde sobresale una versión en pintura de ¨Flesh map¨ de Karlo Andrei-Ibarra.
En definitiva, la sensibilidad estética de Segarra apunta en más de una dirección, donde el ¨yo¨ no parece ser el principal frente. Tal vez ese sea el ¨algo¨ que ha de tener el artista ¨con lo que ser honesto¨, como sugería Greenberg.

Nota: Esta es la segunda entrega del proyecto 10 Contempo.