martes 6 de enero de 2009


Karlo Andrei Ibarra se confiesa fanático de la lectura, tanto así que si no fuera artista asegura que habría estudiado literatura.
Prefiere a los escritores latinoamericanos y de inmediato destaca nombres como Cortazar, Benedetti, Borges, Vallejo y Galeano, entre otros. Y no se le escapan varios del patio, como Angela María Dávila y Manuel Ramos Otero. La lista es larga.
Como artista conceptual cuenta que se nutre mucho de lo que lee, sean ensayos, historia, ficción y sobre todo poesía. Encuentra en las palabras escritas esa chispa que captura su atención y que no suelta hasta que encuentra la manera de transformarlas en lenguaje visual para comunicar los asuntos que le preocupan.
Para esto se vale del ¨ready made¨ al apropiarse de objetos cotidianos que transforma al quitarle o añadirle elementos, y les confiere otra vida.
El encuentro de El Naufragio de las Palabras con Ibarra, de 26 años y egresado de pintura de la Escuela de Artes Plásticas en el Viejo San Juan, ocurrió en la librería La Tertulia en Río Piedras, rodeados de libros y entre sorbos y sorbos de varias tasas de café.
¨Mi trabajo funciona como un documento para ejercer ciertas reflexiones relacionadas con la identidad política, social, además de cuestionar muchas veces las fronteras culturales y geográficas desde un punto de vista sicológico¨, declara el artista.
Añade que su trabajo ¨se apoya en ocasiones de ciertas acciones como caminar, observar e identificar las distintas relaciones entre entorno e individuo y sus distintas significaciones que como resultado aluden a temas como migración, identidad, globalización, etcétera¨.
Con su trabajo ofrece una mirada a los problemas o realidades latinoamericanas que le son cercanas por su composición familiar. Ibarra es hijo puertorriqueño de padre chileno y madre uruguaya, hermano de dominicana y familiar de argentinos.
Todo ese entorno está contenido en gran parte de su trabajo, como en una de sus piezas más notorias y que ha recorrido algunos lugares distantes. Se llama ¨Flesh map¨ y fue realizada como parte de su tesina de graduación.
Cuando pensó que todo había terminado con dicha pieza tras no ser aceptada en la Muestra Nacional de Artes Plásticas (2006) del Instituto de Cultura Puertorriqueña, la misma llegó a la Tercera Bienal de Bucharest en Rumania, estuvo el pasado mes en la feria Scope Miami con el grupo The Storehouse Group y ahora se encuentra en Suecia en el Museum of Umea University.
¨Flesh map¨ es la fotografía de un mapa de las Américas realizado con carne de res, mediante el cual hace su comentario acerca de la realidad económica de la región. En Bucharest, por ejemplo, la fotografía de gran formato fue presentada junto a una versión del mapa con carne fresca.
Ibarra comenta que el medio no importa, sino la idea que pretende comunicar. Por eso, una de sus piezas consiste de una alfombra con el texto ¨Cuando teníamos todas las respuestas nos cambiaron la preguntas¨, presentada en Washington siendo parte del proyecto Landings, que agrupa a artistas latinoamericanos.
En la feria Circa y la Feria de Arte Sonoro, ambas celebradas en el 2008 en la Isla, presentó una carretilla de construcción preparada con un tocador de discos compactos, para que los obreros de la construcción puedan interactuar con la música popular mientras desempeñan sus funciones. La intención de la pieza era documentar esa acción y explorar los distintos estilos de música que prefieren los trabajadores.
A Cuba llevó ¨Continental¨ en 2007, un letrero en neón con la frase ¨Vivir en América¨, el cual se mantenía encendido con la energía solar de Cuba. Explica que el neón estaba alterado para que se fundiera en cualquier momento ¨como si el concepto de América estuviese condicionado¨.
Esta pieza con su carga irónica nos recuerda los letreros y textos de neón de Joseph Kosuth y Bruce Nauman de mediados y finales de los 60.
Aunque Ibarra estudió pintura menciona que ¨lo más que me gusta ahora es el objeto intervenido porque también tiene una carga semiológica¨.
En su proceso creativo, luego de llegarle las ideas iniciales a través de la literatura, dice que en gran parte de los casos ¨pienso primero en esa idea como si fuera en pintura¨ y luego la desarrolla de manera conceptual.
A pesar de la exposición de sus obras en eventos importantes, el artista declara que la venta de piezas conceptuales es más difícil, sobre todo en Puerto Rico.
¨Yo no me preocupo por venderlas. Hacer arte conceptual es no tener carro, casa, no tener nada. Pero tampoco me intereza¨, expresa el artista, quien presentará una instalación este año en Badajoz, España, alusiva a las campañas políticas en la Isla.
Entre sus aspiraciones están que se de un junte y un intercambio notable entre los artistas locales y sus homólogos del resto de latinoamérica. ¨A pesar de las carencias, ellos -los latinoamericanos- son bien activos, por eso son mi ejemplo. Puerto Rico tiene una cultura bien latinoamericana, pero tiene una pantalla que no deja ver eso¨.
A la búsqueda de su comentario sobre el arte contemporáneo en la Isla dice que ¨veo una diversidad y una independencia de los artistas, sin ataduras de una institución y eso es positivo¨.
La estética de Ibarra es poética y desconcertante en ocasiones. Por eso la carretilla con música, por eso la carne cruda que forma un mapa. De seguro está a punto de ser más visceral y eso también es latinoamericano.