lunes 26 de enero de 2009

RESEÑA


Pintura para un sitio específico: exploración de lo visual y otros sentidos
(Nueva propuesta de María de Máter O´Neill y Andrés Mignucci)
Cuando hablamos de pintura en el sentido tradicional podríamos decir que consiste del uso de pigmentos esparcidos sobre una superficie para crear una imagen. Sin embargo, el curso de la historia nos ha dejado ver que realizar ¨una pintura¨ va mucho más allá de esa definición. Sobre todo en este Siglo XXI con los avances de la tecnología y las nuevas concepciones de lo que es el acto de pintar y de lo que puede ser arte. Para otros la pintura es lo que fue y punto.
El escritor y artista español radicado en México, Pablo Paniagua nos habla de ¨la pintura tecnoplástica¨ como la nueva pintura. Y explica que se trata de una pintura ¨previamente organizada mentalmente y ausente de gestualidad¨.
Añade que debido a esas características la pintura tecnoplástica coincide fundamentalmente con el neoconceptualismo, ¨pues el concepto es producto de la racionalidad proveniente de un proceso mental organizado, por lo tanto, en la obra conceptual se da obligadamente un proceso previo de diseño¨.
La pintura ¨por venir¨, según Paniagua ¨ha de tener una fuerte carga de diseño en su concepción y cierto espíritu neodadaísta, como características nucleares para ser validada. Pero, para no nacer muerta, deberá de marcar la diferencia con lo ya realizado en este sentido, buscando una identidad propia que le posibilite reivindicar su lugar. Me parece entrever, una pintura de características constructivistas con una estética cercana a las nuevas tecnologías y al diseño cibernético, así como las que surjan a partir de composiciones basadas en la geometría fractal; una nueva pintura que contribuya a reforzar esa sensibilidad estético-tecnológica, signo de una cultura global que parece universalizarse tan rápidamente¨.
Luego de leer el ensayo de Paniagua, ¨Dispersión del Arte y la Pintura que viene: pintura Tecnoplástica¨, publicado en la revista cibernética Réplica 21, y al observar de primera instancia, someramente, el reciente trabajo de la artista y profesora María de Máter O´Neill y el arquitecto y profesor Andrés Mignucci, podríamos establecer cierta cercanía con la denominada pintura tecnoplástica.
Pero al adentrarnos en la concepción de ese nuevo trabajo llamado ¨Pintura para un piso específico¨ logramos capturar otras dimensiones de la propuesta de estos dos diseñadores, quienes conversaron extensamente con El Naufragio de las Palabras.
¨Pintura para un piso específico¨ es el trabajo de poco más de un año presentado en noviembre de 2008 en Casa Poli, una residencia-centro cultural situado en la Península de Coliumo, al sur de Chile.
La Casa Poli, premiada en 1999 con el AR Awards, uno de los premios internacionales de arquitectura más importantes, fue diseñada por los arquitectos Mauricio Pezo y Sofía von Ellrichshausen quienes junto a los artistas Eduardo Meissner y Rosmarie Prim, crearon un proyecto para invitar artistas en residencia, ofrecer exposiciones y otras actividades para difundir el arte contemporáneo.
La estructura de tres pisos, intervenida por los puertorriqueños en residencia, tiene múltiples niveles en su interior y varios huecos cuadrados con cristales en las paredes que permiten la visión fragmentada del paisaje. Un gran tragaluz en la azotea concede la vista al cielo.
En el proyecto de O´Neill y Mignucci, el acto de pintar se vale no sólo de los materiales no tradicionales que se utilizaron para crear la imagen visual, sino de las proyecciones y las dimensiones que se consiguieron mediante el entorno del lugar específico donde se dispuso la obra. Es pertinente aclarar que el concepto ¨obra-pintura¨ utilizado va más allá del referente a una pieza objeto expuesta, lo cual fue parte de la exploración.
O´Neill explica que su intención inicial sólo consideraba realizar una pintura para el piso y tras escuchar una disertación de Mignucci acerca del espacio, se le acercó y le propuso realizar el trabajo juntos.
Al cabo de varias reuniones, lo primero que surgió fue un diseño digital sobre 150 pies lineales de vinilo adherido a magneto, realizado por O´Neill y entregado a Mignucci. El diseño impreso consistió de legos fotografiados y manipulados digitalmente, logrando la imagen abstracta de un patrón.
El arquitecto explica que trabajaron con ¨la exploración de la horizontalidad como pie forzado y cómo sacar la pintura de la pared, y pensando que estabamos hablando de un piso para colocarla¨. Este realizó un diario donde abordó la obra anterior de O´Neill y el trabajo propio como diseñador arquitectónico. Así lograron desentrañar exploraciones previas de ideas similares a las del nuevo proyecto.
El eje central era el manejo del espacio horizontal, la ilusión de liquidez de la imagen, lograr una experiencia háptica (relativa a los sentidos) y establecer la supremacía de la pintura creada para un lugar específico.
Como parte del proceso creativo, Mignucci dice que ¨nosotros suprimimos el resultado -del trabajo- en beneficio del proceso¨, mientras O´Neill añade que ¨dejamos que la pieza nos guiara¨. Ambos aclaran que no se trata de un trabajo enteramente calculado, y sí uno donde la intuición tuvo su buena parte.
Entre los referentes previos a la conceptualización estaban la pintura ¨Mosaico¨ de O´Neill, donde presenta un baño visto desde un plano superior; su serie de 1995 ¨Suite del Caribe¨, donde se destaca la liquidez del paisaje y los espacios; y los diseños arquitectónicos de Mignucci del Santuario Santo Cristo de los Milagros (1997) en Carolina y el Pabellón Parque de los Niños (2000) en San Juan, en los cuales sobresalen el manejo creativo de los espacios y los efectos de la luz natural como elemento ¨arquitectónico¨ del diseño.
La observación de cómo crecen los jacintos sobre el agua formando una superficie-alfombra que se mueve, estableciendo un plano horizontal bajo el espacio ¨vacío¨, igual fue objeto de exploración.
También sirvieron de precedentes la pieza ¨Delineator¨ (1974) de Richard Serra, con el espacio vacío-cargado entre dos superficies horizontales; el ¨Proyecto Tindaya¨ (1996) de Eduardo Chillida y algunos trabajos de Carlo Scarpa, entre otros.
Todo el trabajo creativo y de investigación fue realizado en Puerto Rico. Pero una vez en Casa Poli, exploraron durante una semana cómo colocar la pieza que cubría un área de 12´-0¨ X 12´-0¨ (360cm X 360cm). Entonces decidieron agrupar las alfombras de la casa en el primer nivel que ocupa la sala y sobre estas dispusieron los magnetos, que estaban recortados en piezas de 2´-0¨ X 2´-0¨ (60cm X 60cm). Un espacio central quedó al descubierto a manera de área de descanso y le colocaron una almohada.
Al presentar la pieza, los espectadores pudieron caminar sobre una superficie que cedía ante el peso, experimentaron la liquidez del paisaje a través del diseño y la textura del vinil sobre el magneto, imagen que parecía extenderse hacia el paisaje del océano visto a través de los cristales.
¨Pintura para un piso específico¨ se podía observar desde los distintos niveles de la estructura, incluyendo el tragaluz del techo, estableciendo su supremacía. Además, el reflejo del suelo intervenido en los cristales de las ventanas, incluso en el tragaluz, igual podía apreciarse cuando los espectadores se acostaban sobre la almohada.
El reflejo de la imagen variaba según transcurría el día y la noche, lo cual permitió diferentes maneras de abordar la pieza y enfrentarse a otra ¨naturaleza¨, comentan los diseñadores, quienes contaron con subvenciones del Instituto de Cultura Puertorriqueña para costear parte del trabajo.
La colorida imagen digital por sí sola resulta desangelada, incluso carente de sentido hasta que se la ve interactuando con el espacio. Líquida y luminosa en el suelo acolchonado y extendida como trampantojo en el cristal, engañando al ojo y confundiéndose con el mundo exterior. Es una pieza espacial que alude a los sentidos.
En su escrito ¨La ilusión y la desilusión estéticas¨, Jean Baudrillard ha dicho que una de las características del arte actual es que ha perdido el elemento de la ilusión al lograr altos niveles de realismo ante los avances tecnológicos. Y declara que ¨una imagen es justamente una abstracción del mundo, en dos dimensiones; es lo que le quita una dimensión al mundo real y, por eso mismo, inaugura el poder de la ilusión¨.
Según Baudrillard: ¨La virtualidad tiende a la ilusión perfecta, pero ya no se trata en absoluto de la misma ilusión creadora y artística de la imagen; se trata de una ilusión realista, mimética, hologramática que acaba con el juego de la ilusión mediante el juego de la reproducción, de la reedición de lo real; no apunta más que a la exterminación de lo real por su doble¨.
En cambio, en el trabajo de O´Neill y Mignucci, quienes se valen de un diseño digital manipulado, consiguen involucrar al espectador en un juego visual donde la imagen-pintura se toca, se siente y se ve aun en su sentido irreal.
Para uno de los arquitectos de Casa Poli, Mauricio Pezo, tras recibir en Chile el esbozo del trabajo propuesto por O´Neill y Mignucci ¨lo interesante fue ver el proceso de traducción de ese esbozo a la realidad específica del lugar. En residencias -de artistas- anteriores las intervenciones en el propio espacio de la casa habían sido siempre muy laterales, muy sutiles. En este caso, la presencia rotunda del color, sus vibraciones, su saturación, inundaron completamente el ambiente de la habitación central de la casa. Pero creo que es aún más interesante leer la obra de Mari y Andrés como una propuesta abierta de un campo difuso entre proceso y autoría¨.
En su comunicación con El Naufragio de las Palabras, Pezo añadió que ¨la pieza específica es entendida como un ejercicio de colaboración, una sumatoria de fragmentos. Por lo tanto, además de operar formal y visualmente sobre un suelo específico, se ocupa de establecer relaciones contextuales en cuanto a su procedimiento de factura. De este modo, creo que uno de los mayores logros de la obra es establecer simultáneamente una tensión entre la estructura geométrica de la casa y la de la nueva pieza de color, y otra tensión entre la factura digital y mediatizada de los autores con la apertura (no sólo física, en cuanto matriz modular, sino mental) para dejar el material a disposición de los artistas locales que tendrían la aparente libertad de reformular la integridad de la pieza en un soporte diferente¨.
Una nueva versión de ¨Pintura para un piso específico¨ será instalada en Buenos Aires, Argentina a finales de este año, como parte de una residencia con el Proyecto ´ace (centro internacional dedicado al arte gráfico, diseño y nuevos medios, dirigido por Alicia Candiani), pero se desconoce aún el lugar específico. O´Neill y Mignucci sólo saben que estará en un espacio abierto y público, y que podría incluir sonido, lo cual supone nuevos retos. ¨Es un espacio más impredecible. Pero lo importante es que la pieza es un instrumento de investigación, aquí resalta la intención de que el acto de hacer es el acto de pensar y crear¨, declara Mignucci.
Consistirá de una nueva pieza siguiendo el concepto original, ya que la presentada en Chile se quedó en Casa Poli, donde se puede utilizar para experimentar otras maneras de presentarla (y entonces sería otra pieza). Con esta propuesta los creadores eliminan la cualidad de la pintura que se puede trasladar a cualquier lugar en distintos momentos ya que la pieza, el entorno y el tiempo en que se presenta conforman ¨la pintura¨ y eso no se repite. En este sentido también posee características del performance en cuanto a los elementos de tiempo y espacio y la interacción del público.
A diferencia del arte tradicional al que se le podían extraer diversas lecturas en distintos momentos históricos (siendo la misma pieza), ¨Pintura para un piso específico¨ es una propuesta que mantiene su esencia pero -al igual que la acelerada experiencia de vida en estos tiempos- no necesita de mucha espera para replantearse y reinventarse según el día, la hora, el lugar y el país que le corresponda habitar.